viernes, 8 de diciembre de 2017

Greguerías de un inconformista (XLI).

 
(Pensamiento a vuelapluma tras una conversación personal en la clandestinidad del anochecer con una amiga que me quiere y a la que yo adoro).

El final de la angustia, de la tristeza y la ansiedad casi siempre es una sonrisa tímida inicial, que conquista después un rostro risueño que vence al estado de letargo, y acaba con una expresión muy cercana a la comicidad que se manifiesta en risa desordenada y relajante porque desdramatiza todos los pesares anteriores, provocando la pausada y serena alegría de la comprensión de la propia intimidad, antes sometida y ahora liberada.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Comentarios y opiniones (mordaces) de aspectos de la actualidad, por Serapión (desde su púlpito en el ágora) (II).

 
Dice el titular de portada de hoy del rotativo madrileño ABC: “Junqueras siguen en prisión para evitar que encabece nuevos actos violentos”.

Hay que ser muy cínico, malvado y torticero para titular así un diario, porque el mundo entero sabe que la única violencia que ha aparecido en el tema de la cuestión catalana las últimas semanas la han generado las fuerzas de seguridad españolas bajo la dirección del Partido Popular y especialmente del Presidente Rajoy, la vicepresidenta Saénz de Santamaría y el Ministro Zoido.

Hay que tergiversar mucho la realidad, hay que ser muy mentiroso, falso y perverso para decir y publicar calumnias de semejante dimensión.
Hay que ser un manipulador nato, un amante de Maquiavelo y su “fin justifica los medios”, hay que ser muy indigno para faltar a la realidad sólo por favorecer intereses personalistas y partidistas, y encima sentirte justificado porque lo haces por el bien de la Una, Grande y Libre, que ya todos sabemos en el mundo mundial, en el universo universal y en la galaxia galaxial que son varias, pequeñas y esclavas o sometidas.

Mientras escribo estas líneas me informa la radio que el Juez del Tribunal Supremo ha decidido retirar las euro órdenes de detención contra el President Puigdemont y otros cuatro consellers de la Generalitat cesados por el Gobierno Central, con la única finalidad de evitar que Bruselas pueda decidir las causas por las que se les imputa, que casi con toda seguridad en Europa sería única y exclusivamente por posible malversación de fondos y no por sedición, desacato a la autoridad, desobediencia, violencia, incitación al odio, menosprecio de símbolos nacionales y alguna estupidez más de ese estulto país que tenemos por vecino. Pero no me extenderé sobre ello, porque merecería un libro entero hablar del brazo armado y ejecutor de la secuestrada justicia española por el demócrata P.P. a través de los jueces que los casposos y rancios socios de esa secta nombran a dedo con el consentimiento mudo de los súbditos (que no ciudadanos) españoles.

Retomando el titular del diario citado al inicio de estos comentarios rociados de opiniones, sólo puedo decir que estamos ante uno de esos sujetos, y hablo del diario ABC, que pertenecen a esa España que, como dijo el poeta, han de helarte el corazón.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Comentarios y opiniones (mordaces) de aspectos de la actualidad, por Serapión (desde su púlpito en el ágora) (I).

 
En pleno auge del feminismo y el rechazo y el declive del machismo, observo que las mujeres (muchas, no todas) han adoptado el lenguaje masculino más soez.
Es fácil y habitual encontrarse con mujeres que en sus conversaciones tanto con las de su propio sexo como con los del contrario, pronuncian a voz en grito exclamaciones del estilo “Estoy hasta los cojones”, “A mí me la suda”, “ Yo tengo suficientes huevos como para…”, “A mí me la trae floja”, “Me tiene hasta la polla”,…

Tal vez un análisis más profundo nos diría que sólo utilizan esas expresiones propias de la masculinidad las mujeres jóvenes, y no lo hacen así las adultas que son las que de verdad luchan por la igualdad de sexos, por aquello de los desencuentros generacionales.

Aún así, es curioso, ¿verdad?
O simplemente… ¿lastimoso?

viernes, 1 de diciembre de 2017

Greguerías de un inconformista (XL).

 
Hace unos años, cuando un dibujante de cómic o un ilustrador gráfico dibujaba un hombre en estado de embriaguez, además de colocarle las piernas en posiciones difíciles (cruzadas, torcidas, arqueadas excesivamente,…) trazaba unas líneas onduladas breves y repetidas entorno a la cabeza del individuo, como signo inequívoco de escaso control de su cerebro y de la situación. Y muchos de esos ilustradores acababan adornando su dibujo con una expresión escrita en torno a la boca del sujeto que solía taparse con una mano, concretamente escribían HIP, HIP, HIP!, como si el hipar fuese una demostración propia y casi exclusiva del estado etílico.
La compresión por parte del lector o del observador era rápida e instantánea: todos interpretábamos con precisión que se estaba representando a un borracho.

Hoy, se me ocurre sugerirles a los ilustradores y dibujantes, a los grafistas y a los hacedores de cómics que utilicen estas expresiones y símbolos cuando dibujen a la gente corriente y moliente tras escuchar las declaraciones en general y las conclusiones en particular de nuestros políticos.

Pienso que será tremendamente ilustrativo del estado en el que los seres normales nos quedamos tras escuchar sus mítines, propuestas, programas, objetivos,… y además recuperaremos una simbología entrañable y que actualmente está en proceso de extinción.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Greguerías de un inconformista (XXXIX).

 
Que el pingüino es una de los animales mas optimistas y alegres de la tierra está fuera de toda duda.

Podría estar tremendamente deprimido, porque la naturaleza le regaló unas alas que no le sirven para volar, pero su natural entusiasmo le llevó a inventarse el snowboard mucho antes que los humanos, y así se desliza sobre el hielo y la nieve utilizando su panza, y transmite tanta felicidad que cuando los vemos nos produce risa y nos despierta un enorme cariño hasta por su patoso caminar.

Pero todo en la vida tiene un pero, pero que también existe en la vida de los pingüinos, porque a veces piensan que para ser del todo felices necesitarían de una cierta soledad, y ellos no la consiguen jamás porque siempre viven en familia y cada familia convive con otras familias y todos de forma muy abigarrada, y eso les produce agobio y eso impide que sean sólo felices y nada más que felices.

lunes, 27 de noviembre de 2017

El silencio de los carroñeros.

 
Siempre actúan en silencio.
Primero observan desde las cloacas, y después se lanzan sobre su presa con sus colmillos sedientos de sangre, y como dicen los letrados, con nocturnidad y alevosía.
Son rancios, casposos, despiden y se rodean de olores de podredumbre, cuando hablan ríen como las hienas y cuando orinan lo hacen sobre el adversario.

Son algunos, demasiados, de los últimos Ministros de este país.
Rozan el analfabetismo y carecen de cualquier atisbo de sensibilidad.
Les reconforta la consciencia de saber que la cultura y el arte se resienten y sufren y tal vez desaparezcan del panorama vital de los seres humanos a causa de muerte por desesperación y agotamiento.

Uno de los últimos carroñeros atendía al nombre de José Ignacio Wert, Ministro de Educación del Gobierno de M punto Rajoy hasta que su segunda lo devoró, lo matrimonió y se lo llevó a la vida placentera de París, donde descansa de su sin razón, de sus fechorías patrias y de su ignominia.

Y hoy sabemos que su labor de zapador carroñero de la educación y de la cultura la prosigue más sanguinariamente que nunca su compinche Cristóbal Montoro, Ministro de Hacienda de novecientos imputados y del primer Presidente de la historia de este desgraciado país que ha tenido que comparecer ante la Justicia (mejor decir justicia) por causas de corrupción, que pretende aplicar el IVA a las subvenciones que reciben  las Instituciones Culturales y, además, con efecto retroactivo desde 2013, lo cual caso de darse acabará con la viabilidad de Instituciones fundamentales del ámbito cultural y de las artes.

Sólo se me ocurre pensar, para suavizar mi opinión sobre estos Ministros, que tal vez su especie no sea la humana, sino la de los carroñeros con los que he titulado este pequeño ejercicio de opinión, especie que como es sabido por todos se alimenta de la mierda y la descomposición de los cadáveres que dejan a su paso.

Desafortunadamente, los carroñeros viven en el silencio que sólo rompen cuando despliegan sus alas gigantescas y se oye el batir de las mismas en el aire que sesgan para regresar de inmediato al silencio y la oscuridad.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Greguerías de un inconformista (XXXVIII).

 
Descansaba en una de mis terrazas con una copa de cerveza y sin hacer absolutamente nada –ni siquiera me acompañaba un libro- más que respirar, porque hasta observar me costaba esfuerzo y me daba pereza.
Estaba a gusto, en ese estado que dicen se parece al nirvana, relajado, calentito al sol, algo somnoliento.
De vez en cuando llegaban hasta mí algunas voces procedentes del televisor del interior del local, porque la terraza no emitía sonido alguno ya que la habitaba yo solo bajo el férreo control de una camarera que cruzaba sus brazos en sus espaldas a la espera de que aumentase su clientela.
De repente capté un mensaje que procedía de la televisión.  Era una voz infantil, como de niño de ocho o nueve años. Lo que acababa de decir me impactó con tanta brutalidad que me levanté de un salto, asustando a la camarera que dormitaba despierta mientras seguía apostada militarmente apoyada junto a la puerta de acceso al local, para buscar el televisor. Lo hallé nada más entrar en el local, colgado del techo e inclinado hacia las mesas del comedor, pero en la pantalla no había ningún niño sino una bella mujer sentada sobre el capó de un coche. Emitían spots.

Regresé a mi silla y a mi mesa y a mi cerveza, mientras la frase del chaval rebotaba en mi cerebro y la camarera me observaba con cierta animadversión desde la misma posición en la que la dejé tras mi estampida hacia el interior del establecimiento. La terraza seguía vacía, en exclusiva para mí.
El mensaje que había oído puede que formarse parte también de un spot, incluso que fuese su slogan, pero eso no evitaba que la frase y el mensaje en sí mismo fuese de una claridad meridiana, de la contundencia de un puñetazo en el mentón, de la nitidez del agua de la alta montaña.
Era el mensaje que dirigía un niño erigido en representante de todos los niños del mundo entero a la totalidad de la humanidad, a todo el mundo de la Educación, desde el Ministro del ramo hasta al último profesor de primer curso de primaria del más pequeño pueblo del mundo.
Es el mensaje universal que estoy convencido que anida en el cerebro de todos los niños, los jóvenes, los adolescentes y los estudiantes.
Es el mensaje de lo que quieren y de la evidencia de que no se lo estamos ofreciendo.
Es el mensaje de su predisposición para recibir.
Es el mensaje de nuestra incapacidad, la de los adultos, para atender sus demandas.

La frase del niño de la televisión que yo oí desde mi terraza y desde mi silla y desde mi mesa y desde mi cerveza (frase que busco en cada televisor con el que me encuentro) donde además de respirar no hacía nada porque hasta observar me causaba esfuerzo y me daba pereza mientras la camarera dormitaba con los ojos abiertos en posición casi militar, decía simplemente:

“A mí estudiar no me gusta, pero aprender me encanta”.

Tal vez si atendemos y comprendemos correctamente la aseveración del niño seamos capaces de crear un mundo mejor en un futuro no excesivamente lejano.